El Camino de Regreso a Casa

Nadie puede caminar este camino por tí, ni tu puedes caminarlo por otros. Es un camino personal.

 

Cuando estés listo para hacerlo buscarás todo lo necesario para llevarlo a cabo.

 

Todo camino inicia con la INTENCIÓN de llevarlo a cabo. Si tu intención es real te llevará al camino correcto, si no lo es te llevará a otros lados en donde no hallarás ni paz, ni equilibrio, ni felicidad.

 

Una vez que la INTENCIÓN te haya puesto en el camino tendrás que COMPROMETERTE totalmente a seguir el camino. Deberás realizar un acuerdo contigo mismo para encontrar El Camino de Regreso a Casa, al hogar.

 

Tu Alma consciente, recuerda para que quisiste venir en este tiempo, eres la que tiene la responsabilidad, eres la más valiente y capaz de tal misión, la misión de abrir camino en los momentos más difíciles, y dar ejemplo para que todos vean como se hace para ser muy feliz con ello.


Van a ver tu Felicidad y te dirán; ¡yo quiero de eso que tu sabes!, y tu les dirás: “Es muy fácil”, sólo tienes que ser tu mismo, no lo que te dicen que seamos, lo que unos y otros líderes te quieren hacer creer, aquellos que siempre nos están esclavizando con sus mentiras.

“Ser tu misma”, como eres, cuestiona todo lo que siempre te han dicho que eres o que hagas sin preguntar, porque te dicen que esa es la verdad, pero la verdad está en ti misma, no en lo que te dicen con engaños para conseguir que les des tu poder.

Aquí está el gran secreto de tu felicidad, “NO DES TU PODER A NADIE”, ni a líderes religiosos, ni a líderes políticos, ni a líderes de la salud… todas las verdades integras las tienes en ti misma, cuestiona las que te dan y compáralas con las que te dice tu propia Alma, y tu Yo Superior, que eres tú misma, tu único y propio líder.

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Enfréntate a tus Miedos

¿Qué es lo único que realmente te mantiene atorado en la situación en la que te encuentras actualmente?

¿Qué es lo único que te mantiene sin poder dar ese brinco hacia una vida más plena, más feliz, más abundante?

Tú y yo sabemos perfectamente bien la respuesta. Podemos ponernos excusas de todo tipo, inventar pretextos, buscar echar culpas por todos lados, podemos hablar de las condiciones de nuestra vida, podemos hablar de nuestro pasado, de lo que nos hicieron, etc.

Sin embargo, la única y real razón para no estar haciendo lo mejor de nuestras vidas es:

MIEDO

Para poder crear una mejor calidad de vida, es necesario aprender a manejar el miedo de una forma diferente.

Cuantas veces has estado controlado por algún asunto del pasado, que ya se acabó hace mucho y sin embargo sigue estando presente en tu vida a cada momento porque continuamente lo traes a través de contar “la historia”.

Ese evento ya paso y ¡¡sobreviviste!! pero todavía sigues teniendo una percepción de ese pasado que está controlando tu presente. Alguna vez seguro te rechazaron, te hirieron, y ahora ya no quieres abrirte a nuevos retos debido a eso.

¿Qué es de ese pasado lo que realmente está controlando tu presente y tu futuro?, no es el evento en sí mismo, es el MIEDO de pasar por esos sentimientos una vez más: el sentimiento de sentirte fracasado, rechazado, herido, humillado, sólo.

A veces permaneces en una relación de pareja sintiéndote miserable por miedo a sentirte solo. Sabes muy en tu interno que la relación no es buena ni para ti ni para el otro, pero te quedas solamente porque tienes miedo de estar solo o por el miedo a enfrentar la situación.

Muchísimos de nosotros nos conformamos con tener una vida sumamente mediocre sin alcanzar nunca nuestros deseos, sin llevar a cabo nuestros más altos objetivos, sin obtener lo que realmente merecemos, sin realizarnos a nuestra total capacidad.

Haces muchas cosas en tu vida diaria solamente guiado por el miedo, si te preguntará: ¿Porque lo haces?

Me contestarías:                               

¾     Porque tengo que hacerlo,

¾     pero ¿qué pasa si no lo haces?,

¾     entonces todo se vendrá abajo,

¾     y ¿qué pasa si todo se viene abajo?,

¾     entonces fracasaré, 

¾     y ¿qué pasa si fracasas?,

¾     entonces seré un fracasado.

Si sigues el camino del miedo te llevará a tu máximo miedo.

Cuando estás en estado de miedo crees que debes solucionar la situación ya porque si no deberás enfrentar tu máximo miedo: miedo al éxito, miedo al fracaso, miedo al rechazo, miedo a lo desconocido, miedo a caer, miedo a la humillación, miedo al dolor, miedo a la burla, miedo a la injusticia, miedo a la traición, miedo al abandono.

Todos estos miedos se pueden resumir en 2 miedos primarios:

Ø  Miedo a no ser suficiente: no ser suficientemente fuerte, inteligente, rico, bonita, guapo, eficiente, bueno, alegre, divertido, capaz, etc. Básicamente sentirse sin valor.

Ø  Miedo a que no te amen: si no eres suficiente, la gente no te amará.

El amor es oxígeno para la vida, buscas esa conexión, esa pertenencia, es una necesidad básica de sobrevivencia. Si un bebe no es amado: acariciado, apapachado, no sobrevivirá aunque se le de alimento, se le conoce como “fracaso para prosperar”.

La mayoría de nosotros tenemos miedo al amor, tememos que nos lo quiten, tememos amar demasiado y que nos hagan a un lado, tememos emocionarnos y que no funcione, esos miedos nos hacen bajar nuestros estándares de amor, nos volvemos precavidos, cautelosos, hacemos a un lado la emoción, la pasión, cerramos el corazón, y lo hacemos en todos los niveles y en todas las relaciones de nuestra vida, jugamos a la segura, no nos arriesgamos.

Al hacer esto lo único que logras es quitarle vida a la vida, vas como zombie, muerto en vida al bloquear los estímulos emocionales para que no te “duela”. Y la verdad es que acabas siendo totalmente miserable.

Si quieres tener una vida realmente viva, llena de pasión, alegría, emoción y buenos momentos es necesario hacer un alto en el camino, y decidirte a enfrentar el miedo cara a cara, sin pretextos, deja de decirte la misma historia una y otra vez: no tengo la energía, no tengo el dinero, no tengo el tiempo, es más fácil para otros, mi pasado es tan terrible…

Todos tenemos una historia del porque no somos lo que quisiéramos ser y ahora tienes 2 opciones o te enfrentas directamente al miedo y empiezas a generar resultados o tienes una historia y te quedas empantanado con ella.

La parte más emocionante de este proceso es cuando al decidirte a enfrentar tu miedo te das cuenta que no solamente eres suficiente sino que eres tremendamente capaz de lograr grandes cosas.

Al atreverte a perseguir tus más íntimos deseos no solamente los logras sino que en el proceso te vas convirtiendo en una mucho mejor versión de tí mismo, te das cuenta que el amor surge de tu interior y mana hacia afuera, te sientes pleno, feliz, expandido, conectado. Aprendes a ejercitar tus músculos emocionales y ya los tiene listos para usarlos cuando sea que los necesites. Se volverá algo innato en ti, podrás enfrentar cualquier tipo de situaciones.

Todas las personas que te rodean se encuentran en esta misma situación, por lo tanto salir de tu círculo vicioso requiere que te comprometas solamente contigo mismo. Los de tu alrededor trataran a toda costa de convencerte de que estás mal al querer hacer las cosas diferentes. Te dirán que es peligroso, que no es seguro, que es mejor mantenerte igual. Lo hacen porque no saben cómo lidiar con sus propios miedos.

Por eso es muy importante que te empieces a rodear de personas que ya estén caminando por este proceso de enfrentar miedos, personas que te puedan entender, apoyar, empujar hacia lo nuevo.

Para matar el miedo solo hay un camino: acción, o lo haces o lo haces sino te quedas en la misma miserable situación (que tú puedes llamar: “la verdad es que no me va tan mal”, “no pues si hay otros peor que yo”, “bueno, me lastima pero es porque me quiere”, “para que quiero más, me conformo con lo que me da Diosito”, “no necesito más”, “más vale malo por conocido”, “más vale pájaro en mano…”, “con esta situación mundial no hay ni para donde hacerse”, etc.)

El miedo es solamente una energía “etiquetada”, no nos gusta porque no sabemos lidiar con ella, nadie nos ha enseñado a manejarla, sin embargo es solo una energía. Una vez que aprendes a verla, a enfrentarla, a moverla, a usarla a tu favor, se vuelve algo normal en tu vida. Es un músculo que hay que ejercitar cada día.

No es miedo, es emoción.

¿Qué se escucha mejor: tengo miedo de hacer esto o estoy emocionado por hacer esto?

Al final de tus días las preguntas que te harás son:

¿Viví plenamente, viví apasionadamente, viví alegremente?

¿Ame abiertamente, ame honestamente, ame completamente?

¿Mi vida importo, marque alguna diferencia en el mundo, aporte algo nuevo?

Si te sentiste emocionado por este artículo, te invito a que te unas a uno de nuestros grupos para que te apoyemos a enfrentar tus miedos.


Yvonne Armand Villa

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¿Qué tal si...?

Hoy te invito a hacer un ejercicio de imaginación. El hacer uso de la imaginación no cuesta nada, nadie nos criticará, no hay peligros, es una zona segura.

Así que ¡IMAGINA!

Qué tal si la vida que estás viviendo es como una obra de teatro…

Qué tal si tu escogiste el papel que estás actuando…

Qué tal si todos a tu alrededor estaban de acuerdo en actuar contigo para soportar tu papel…

Qué tal si tu escribiste el guión porque esto era lo que necesitabas…

Qué tal si a la hora de tus sueños o de tu meditación es el momento de revisar que todos estén de acuerdo con sus papeles y que todos los estén llevando a cabo según lo planeado…

Qué tal si todo tu sufrimiento es una maravillosa y perfecta actuación de tu papel…

Qué tal si tu papel es el perfecto para el desarrollo perfecto de tu alma…

Qué tal si ya has estado en otras obras de teatro en donde has interpretado todo tipo de papeles…

Qué tal si ya fuiste monja, casada, virgen, mártir, hombre, adicta, asesina, suicida, rica, pobre, etc….

Qué tal si todas tus experiencias pasadas en la actuación te están ayudando a ser mejor en este papel actual y en poder empatizar con los otros que están actuando en tu obra actual…

Qué tal si en cada descanso de la obra te puedes relacionar con el verdadero yo de los demás…

Qué tal si te das cuenta que todos tienen el mismo objetivo: que la obra salga bien según tu guión…

Qué tal si al que escogiste de papá tenía que actuar como agresivo y emocionalmente alejado…

Qué tal si a la que escogiste de mamá tenía que actuar como sufrida, víctima, sumisa o como mujer fuerte y dura…

Qué tal si al que escogiste de tu hermano le tocaba actuar como soberbio y prepotente…

Qué tal si a la que escogiste como hermana le tocaba actuar como mamá…

Qué tal que al que escogiste como jefe le tocaba actuar con rudeza e indiferencia…

Qué tal que al que escogiste de primer novio le toco actuar como mentiroso…

Qué tal que al que escogiste como esposo le toca actuar como super trabajador (workoholic)…

Qué tal que al que escogiste de hijo le tocaba ser hiperactivo…

Qué tal que a la que escogiste de hija le tocaba actuar adicta…

¿Está fuerte, no? Recuerda que esto es solamente un ejercicio de imaginación.

Todas esas personas actúan contigo según tu guión, sin embargo también están participando en otras obras de teatro, donde les toca actuar de maneras diferentes.

¿Cómo te sentirías?, ¿cómo cambiaría tu estar en esta vida?, ¿cómo cambiaría tu relación con los demás?

Según este ejercicio se supone que tú escribiste tu guión según las necesidades de tu alma, ¿podrías pensar ahora cómo es el guión que planeaste, que objetivos tenías, cómo explicarías el perfil de cada participante de tu obra?

Estoy segura que si haces este ejercicio lograrás tener una nueva perspectiva de la vida. Si esta nueva perspectiva te ayuda a estar mejor, úsala, sino solamente deséchala.

Personalmente te comparto que esta perspectiva me ha ayudado mucho porque quiere decir que estoy en completo control de todo lo que sucede a mí alrededor y estoy en la posibilidad de cambiar el guión según sea mi crecimiento espiritual. También me ha permitido sentir amor y agradecimiento hacia todos los que han actuado en mi vida. Debo decirte que en mi actuación he tenido que aceptar y trabajar con los sentimientos que me han producido las actuaciones de mi compañía de teatro.

Espero que hagas el ejercicio y me encantaría saber cómo te fue…

Yvonne Armand Villa. Restauradora de Cuerpo, Mente y Espíritu.

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Pasión por Vivir

Hace ya algunos años platicaba con mi hija que en ese entonces tenía 16 años. Ella me contaba con gran angustia de lo difícil que le estaba siendo ubicarse en ese momento de su vida, lo duro que es tratar de pertenecer a los grupos de amigos, la impotencia ante situaciones de alcohol y cigarro, el primer amor perdido… en fin, lo que algún día yo misma viví.

Ella tenía lágrimas en sus ojos, yo también, la abrace con gran amor, compasión y empatía, mi niña, mi pequeña niña, ¿en qué momento creció?, ¿en qué momento me convertí en esta mamá madura, con la capacidad de dar un abrazo así?

El camino ha sido largo y complicado, con muchísimos momentos de dolor intenso, con otros tantos de inmensa felicidad.

Al inicio de mis años de madre yo era una mamá dura, enojona, alejada, con muchas ganas de ser la mejor pero con pocas posibilidades, puesto que la relación con mi propia madre fue de mucho sufrimiento.

Yo trataba de vivir la vida que me dijeron y que me enseñaron que “debía ser”: esposa, madre, ama de casa, mujer, trabajadora, hija, hermana, nuera, amiga, católica, exitosa, independiente y perfecta. En un instante me olvide de reír y de divertirme, me la pasaba todo el día ocupada en cumplir con todo y con todos. Mis hijas me decían que yo era una mamá enojada, lo triste es que era verdad, estaba enojada con el mundo entero, todo me parecía imperfecto, todos me parecían imperfectos y eso no podía caber en mi “perfecto mundo”.

Y un día sucedió que mi mundo perfecto se quebró, un accidente de coche mando a mi mamá al hospital por casi 5 meses. Durante todo ese tiempo diario pensábamos que no sobreviviría. Para mis hijas fue como si su abuela hubiera muerto pues no podían entrar al hospital. Mis pequeñas apenas tenían 3 y 1 añitos. La grande ya asistía a una guardería pero a la pequeña, que cuidaba mi mamá, la tuve que llevar a la guardería también.

En mi trabajo me apoyaron bastante, no tenía que estar todo el tiempo en la oficina y todos mis compañeros y mis jefes me respaldaron al 100%. Sin embargo no fui capaz de mantener la situación porque yo era demasiado responsable y quería seguir siendo perfecta en todo. La presión emocional fue demasiada.

Hasta que llego un día en que no pude contener más mi furia interna y le di de nalgadas a mi Carlita, alguna tontería, pero yo ya no podía más, le pegue con todas mis fuerzas. Aún recuerdo ese día como si fuera ayer, me estremezco, una lágrima se derrama por mi rostro, su piel quedo muy roja y ella lloraba sin consuelo…sentí que me moría y tal vez así fue, me morí por dentro, no pude más, todo se derrumbo, no existía ninguna mamá perfecta, nunca existió.

Renuncie a mi trabajo, con todo el peso que para mi familia significaba eso: un fracaso.

¿Cómo era posible que con una carrera tan buena ya de 12 años, con un buen puesto, un horario maravilloso, en un instituto de salud prestigioso y yo renunciará?, ¡por favor que niña tan tonta!, y ahora, ¿a poco vas a dejar que te mantenga tu marido?, ¿vas a depender de él?...y así lloré y lloré y lloré y me sentí fracasada, y me sentí inútil y me sentí culpable, y me sentí muy desdichada y me deprimí.

Y entonces una amiga me invito a asistir a un diplomado de Orientación Familiar y descubrí un montón de cosas, y lloré y lloré, y me enoje y me desespere…

Y estudie un diplomado de Desarrollo Humano y descubrí otro montón de cosas, y lloré y lloré y me enoje y me desespere…

Y estudie un diplomado de Biblia y lloré y lloré y me enoje y me desespere y me llene de Dios…

Y encontré el mejor libro de mi vida: Un Curso de Milagros y lloré y lloré y me enojé y me desespere y entregue mi vida entera, confíe en la certeza de Dios en mi…

Y empecé a trabajar con familias y a dar talleres para padres y empecé a ser MAMÁ, y empecé a ser esposa y empecé a ser hija y empecé a ser mujer y me conocí y conocí a mis hijas y empecé a divertirme y a reír y a soñar y a ser feliz cada día de mi vida, a ser muy feliz en ese abrazo de dolor compartido con mi maravillosa hija hoy de 22 años, y a ser feliz compartiendo las penas de mi también maravillosa hija de 20 años. Y empecé a estar profundamente agradecida por vivir todas las experiencias vividas, porque ahora soy capaz de entender a la gente y soy capaz de ayudar y de escuchar y soy capaz de sentir sin miedo. Ahora puedo unirme al dolor de los otros y mirar sus corazones sin juzgar.

¿Qué como he cambiado en estos casi 20 años? He cambiado 180°. Sigo siendo una niña lastimada, pero sé que esas heridas son el fundamento de lo que ahora soy: una mujer apasionada de la vida.

Yvonne Armand Villa

Restauradora de Cuerpo, Mente y Espíritu

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